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La columna de Daniel Dorfman.- La reformulación del básquet y su presente. La dinámica vs lo nostálgico.-

 

Las convenciones sociales, los modos de concebir la política y la economía, nuestras maneras de vincularnos con la tecnología, la educación, los intereses, las nuevas generaciones, cualquier aspecto, en definitiva, sobre el que queramos hacer foco va experimentando cambios. Y cada vez más aceleradamente.

Somos testigos generacionales de cambios de paradigmas que se van modificando de un modo asombroso. Lo que ayer era terminante así, hoy ya no lo es tanto. Entró en discusión, se ve desde otro prisma, cambió radicalmente. Y el mundo deportivo no es ajeno a este análisis. Mucho menos nuestro deporte: el básquet.

Ese que tanto nos apasiona, con el que crecimos jugándolo de un modo y que hoy parece ser otro. O va en transición a ser otro. O esa transición ya llegó y algunos se resisten a asimilarla. A asimilarse. Por gusto o por oposición. Los cambios globales que está experimentando el basquetbol, la velocidad de juego, las defensas, los ataques nos obligan a los entrenadores a estar mucho más atentos y a tener un plan de acción en permanente reformulación.

Abramos una serie de disparadores a modo de establecer un intento de discusión a la distancia, entre escritor y lectores. Un pequeño espacio de reflexión. En 30 años, por poner un punto de partida no tan lejano, el fúbol fue menotista o bilardista, resultadista o lírico, línea de 3 defensores, de 5, hoy vuelve a ser de 4.

La fiebre por la posesión con la moda Barcelona, futbol de Guardiola o de Mourinho, todos los equipos buscando tocar y rotar mucho el balón y las posiciones de los jugadores. Futbol más vertical y contagolpeador con Francia campeón del mundo 2018. Sin profundizar mucho, más de 4 o 5 formas que fueron imponiéndose a luz de novedades traídas por los entrenadores y a la luz, claro, del éxito deportivo. El Básquet me parece que se ha reformulado más veces que el fútbol, ha tenido frases- consignas que se establecieron como verdades y hoy son revisadas y un análisis técnico – táctico extraordinariamente exquisito para hacer foco.

Y divertirnos con el análisis. Y pensar juntos este análisis. La NBA se llenó los ojos con el showtime de los Lakers, equipo que corría las transiciones a cancha abierta, puntuaciones altas y un juego muy atractivo para los aficionados. Se volvió rocoso y defensivo para ganar. Llegaron los Bad Boys, haciendo de su defensa fuerte y física el modo para llegar al éxito. La competencia tuvo que hacer algunos cambios en función del espectáculo. Ganaban los malos y los que más atentaban en contra de la concepción del show. Un equipo que hacía lo necesario para ganar, todo lo necesario, incluyendo en algunas ocasiones jugar bien.

En la línea histórica sigue la hegemonía Jordan y Bulls. La confluencia en un mismo equipo de 2 mentalidades ganadoras y super competitivas, las de entrenador y estrella, encima sumando al mejor partener de la historia como Scottie Pippen. Era época de grandes parejas y dobles estrellas: Jordan y Pippen, Stockton y Malone, Kobe y Shaq. El estilo zen de Phil Jackson dominaba la Liga. Para esa misma época se empieza a vivir el dominio de los centros.

Para competir había que tener un jugador grande que dominara el juego desde posiciones bien cercanas al canasto. Ewing, Olajuwon, David Robinson, el joven Duncan y sobre todo Shaquille O´Neal. En esas mutaciones y ya con varios “internacionales” siendo protagonistas en la Liga, Petrovic, Divac, Sabonis, Kukoc y Marciulionis en un principio, Parker, Nowitzki, Stojakovic un poco después, aparece en escena la Generación Dorada.

Con pleno impacto en el modo de concebir el modo de jugar y comportarse. La supremacía de la idea del todo por encima de las partes. El equipo por sobre las estrellas. La fuerza de un eq uipo convencido y en armonía, pasan a ser vitales sobre la primacía del jugador estrella. El pase extra, la movilidad del balón y las reglas a la hora de defender para disimular la desventaja de tamaño también serían aspectos de nuestro equipo que serán traspolados vía Manu, Chapu, Oberto, Scola y Delfino a la NBA.

Los equipos buscarán “eso” que les sobra a los argentinos. Y el entrenador más abierto y reformulado de la NBA, Greg Popovich hará de sus Spurs el equipo más cosmopolita jamás visto. Quién no disfrutó de ese San Antonio que traía tiros con una elaboración inmejorable, picks directos que encontraban la ventaja al 3er o 4to pase y una movilidad de balón y ocupación de espacios difícil de volver a encontrar. Desde entonces hasta acá sólo nos falta destacar el reinado de Lebron sobre la Liga.

Independientemente de los anillos conseguidos, un jugador que logra tantas finales, y lo hace con 3 franquicias distintas, lo transforma en dominante. Lebron copia el modelo Celtics de Pierce, Allen y Garnett, donde 3 estrellas pueden convivir y lo toma para llevarlo primero al Heat con Wade y Bosh y luego a su regreso a Cleveland con Irving y Love. Mega estrellas capaces de dejar de lado sus egos y protagonismos y ponerlos al servicio de un bien superior: el equipo. Y jugadores con roles claros que puedan hacer las diferentes tareas que requiere un equipo para poder ser ganador. Suena conocido?.

El legado de la Generación Dorada ha sido muy inspirador. Toda esta instrucción, extensa pero contextualizadora, nos trae a la actualidad del básquet en modo Warriors. Hoy se juega a un ritmo altísimo, con números, porcentajes y estadísticas que serían increíbles algunos pocos años atrás. Cantidad de posesiones de un equipo, intentos de tiros de campo, intentos de tiros de 3 puntos se fueron incrementando a la misma velocidad con la que se toma decisiones en los partidos de estos tiempos.

Y respecto a esta mutación de juego se escuchan voces de todo tipo. A favor, en contra, con restricciones. En mayor o en medida, los cambios generan tensiones. El cambio obliga a la reformulación, la reformulación es movilidad de ideas y este proceso no siempre es fácil de acompañar. “El básquet de hoy no me gusta” “los Warriors están destruyendo la competencia”, “prefiero la Euroliga” he leído con bastante continuidad en las redes sociales.

Lejos de responder a esas frases en particular cabría decir que nuestras preferencias no siempre coinciden con el momento que se vive y que es posible que nuestras sensaciones ancladas en un pasado difícilmente vuelvan a tener las condiciones para repetirse. Me gustaría mucho que mi hija pudiera disfrutar del espacio público, jugar juegos en las veredas o en las plazas de un modo interminable o disfrutar de la libertad de transitabilidad que pude tener cuando era joven. La sociedad mutó a ésta en donde nos toca aprender a convivir y el deporte también.

La discusión si se juega mejor ahora o antes es estéril. Si el básquet con tiro de 3 puntos a los 3 segundos de posesión y a la carrera es mejor que un ataque de 24 segundos completos, un sistema con 2 o 3 bloqueos y tirar de más cerca también lo es. Dificilmente un equipo tenga éxito hoy bajando la cantidad de posesiones o de intentos al canasto. Es habitual escuchar hoy en las tribunas “pará la pelota” , como si detener el ritmo de juego es sinónimo de mejores decisiones.

Si así fuera, los entrenadores poco probablemente elijan acelerar las acciones.

Aquí va la primer frase para discutir: LAS BUENAS DESICIONES NO DEPENDEN DE LA VELOCIDAD A LA QUE SE TOME. Hay que preparar jugadores y equipos para tomar decisiones rápidas. La calidad de ejecución no puede depender del ritmo en el que se tome. Tiramos las puntas para las discusiones más profundas.

El básquet fue mutando a este modo de juego por varias razones. Yo destacaría 3, con porcentajes muy parejos de incidencia:

1) REGLAMENTARIAS: El básquet es el deporte que, por lejos, va experimentando cambios en sus reglas en beneficio de la dinámica del juego. Sus últimas variaciones reglamentarias acentúan este proceso. Los equipos deben lanzar más frecuentemente al canasto porque el tiempo de posesión para hacerlo ha acelerado ese proceso. El rebote ofensivo no otorga otra posesión entera, las reposiciones tras faltas o interrupciones en campo ofensivo tampoco

2) FÍSICAS: El desarrollo físico de los jugadores experimenta mejorías permanentemente y sumamos a este ítem las cuestiones anexas a la preparación como alimentación, fisiología, kinesiología o descansos. Hoy el cuerpo de un jugador tiene una potencia y energía que representa un desperdicio encapsularlo a una velocidad de contención. Las variantes tácticas de primera y segunda unidad, rotación permanente, colaboran en poder desplegar una velocidad y potencia superior en espacios de tiempo menores de permanencia en el campo

3) TÁCTICAS: Las defensas dominaban a los ataques. Los partidos se decidían por goleos bajos y había que traer al juego variantes de estimulación de creatividad para volver a un comando de dominio ofensivo. Se corrieron los sistemas por sets de juego, se alejó el juego hacia el perímetro y las ventajas se consiguen con jugadores dinámicos y explosivos y con continuadores eficaces con roles claros. “Volvieron” a ser protagonistas los guardias bajos y explosivos tras la moda de jugadores altos en todas las posiciones, las alineaciones son más bajas con el 4 jugando de frente y los centros deben tener más tamaño y agilidad que kilos. Saber desenvolverse de frente al canasto por encima de las habilidades del juego en el poste bajo. Todos los jugadores deben dominar el tiro a distancia y, cada vez más, en carrera o tras bote.

Todos los equipos, los buenos y malos, los más trabajados y menos, cuentan con un book de reglas defensivas generales para los 5 x 5. Es menos frecuente las reglas para los regresos defensivos por la dinámica e imprevisibilidad de las acciones. No explotar esa situación en la actualidad es desaprovechar chances concretas en el juego. Si a los 6-8 segundos de una posesión quedan situaciones de ventajas con espacios, quedan tiros abiertos o se pueden forzar desbalances en los emparejamientos defensivos por qué habría que esperar 10 segundos más o establecer un set para conseguir lo mismo. Si en 6 – 8 segundos se puede producir un pick directo entre generadores de ventajas y el 5 (u otro bloqueador) para qué esperar 10 segundos más o establecer un set para conseguir lo mismo. Esta descripción del ritmo en que se juega alcanza para diferentes niveles de competencia.

El juego dinámico, abierto, de lanzamientos continuos, ya no es sólo propiedad de la NBA. La Euroliga cambió radicalmente su sistema de juego también y estos cambios han llegado incluso a la NCAA, habitualmente un baloncesto más defensivo. La Argentina va recorriendo ese camino de transición. Con algunos alcances sobre los detalles que señalamos (guardias generadores, internos cortinadores y continuadores) pero aún en un estilo de partidos más lentos. Hablamos aquí de la generalidad y no de las particularidades.

Hay equipos rápidos, dinámicos y modernos pero en nuestro básquet aún no es bien visto los cambios de posesiones permanentes. Los equipos que alteren a sus rivales a partir del ritmo de sus transiciones. Nuestra idiosincrasia basquetbolera nos lleva a agarrarnos la cabeza cuando alguien tira mal en cancha abierta pero no se nos mueve un pelo cuando nos “ahorca” la posesión y se la tira para arriba.

Los scouting de nuestros rivales cargan de información sobre fortalezas y debilidades del oponente pero pocos se atreven a plantearles a sus equipos correrse de su zona confortable en cuanto al ritmo y llevar a los partidos a un modo NBA. Porque nos encontraríamos que no todos los jugadores están preparados para eso. Ni los dirigentes que nos contratan. Ni los aficionados que pagan sus abonos.

Las nuevas generaciones traen un poco de ese vértigo y desparpajo en su ADN. Estará en los desafíos moldearlos pero no moderarlos. El básquet va a un futuro de creativos. Los jugadores “correctos” son necesarios pero no imprescindibles.

El desafío será el de ordenar la creatividad, no limitarla. El que prefiera el básquet de antes no lo transforma sólo en nostálgico. Le quita matices y perspectivas. Nuestro deporte tiene tantas variantes, es tan rico en infinidad de situaciones que limitar nuestros gustos nos impide aprender más. Nos quita inquietud, nos transmite comodidad. Y si hay algo que traen estos vientos del presente es imaginación y capacidad creativa.

Estar predispuestos hacia ese espíritu, en el lugar que nos encuentre (tribuna, banco de suplentes o cancha). Transitar el cambio con más inteligencia que negación. A abrocharse el cinturón y disfrutar de la velocidad, con la mirada en el viaje y no en el freno de mano.

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