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Unas poquísimas, contadísimas veces el deporte te distingue poniéndote en modo INVULNERABLE. La pluma de DANIEL DORFMAN

 

No ya ganador, pletórico de confianza. INVULNERABLE. Pensás que todo es posible, que nada ni nadie puede interponerse entre vos y el objetivo. Entonces no importará lo dificultoso del reto, ni la calidad del adversario, ni el profile de sus integrantes.

Tus habilidades se potencian, se sobredimensionan. Competís enceguecido de razones, obnubilado de posibilidades, lúcido en grado extremo. Acertás invariablemente y el acierto te agiganta, te empodera. Sos la mejor versión de tí mismo, acaso en un estado inexplorado, inexplicable, impensado.

En los deportes colectivos esa unión, esa comunión, esa hermandad, conjunción de energía creativa y competitiva es inigualable. Es un estado mental superior que hace que las miradas, los gestos, las acciones tengan una expresión contagiosa que se vuelve indetenible para unos e irremontables para los otros.

Se camina hacia el objetivo con la inevitable razón del convencido. Estás INVULNERABLE, te sentís INVULNERABLE, te sienten INVULNERABLE. Y no reconoce de escenarios, de duración ni de importancia. Tampoco es patrimonio de un deporte en especial.

No importa el tamaño ni el color de la pelota. Puede ser en el picado de tu barrio, en el torneo de tu escuela, en la categoría que te toque jugar, es un cuarto, un tiempo, un partido, un fin de semana, un Mundial o una GENERACIÓN. Tus convicciones por las nubes, tus acciones con destino de gloria.

El Entrenador reúne el equipo y tal vez diga las mismas consignas que antes, que su estrategia sea tan buena como otras y sus recomendaciones también. Pero llevan un tono de épica y de certezas que llegan donde pocas veces alguien. Es el general troyano comunicando a sus guerreros que su victoria es inevitable. La tropa asiente, se llena de vanidad deportiva, se retroalimenta en la mirada del otro, en la convicción del otro.

El equipo transitará convencido, indetenible. Sus líderes marcarán el camino. Puede que sus acciones, sus palabras, sus modos sean los mismos de otras tantas veces pero nunca encontrarán tamaño acierto, tanta predestinación gloriosa. Es un estado mágico, emocionante, contagioso.

La Selección Argentina de Basquetbol ha dado un paso más hacia su gloria derrotando, deteniendo, deshaciendo a la poderosa Francia en instancias de semifinales. En un partido con dominio de principio a fin, los dirigidos por Sergio Hernández colocaron a nuestro país en su 3era final de una Copa del Mundo tras la coronación de Argentina 1950 y el subcampeonato de Indianápolis 2002. Se enfrentará en la final a la selección de España, vencedora en tiempo extra de Australia.

“Y ahora a ganar el domingo” escuchás por ahí y no terminás de asimilar que estás reclamando ganar la final de un Mundial. Y, en realidad, nadie sabe qué puede suceder pero lo importante es estar preparado y predispuesto para que ocurra. Todos salimos a la calle tras el triunfo nacional mejores, convencidos que podemos, que los sueños son posibles. Estamos contagiados de esa mística grupal. Ellos liderando la hazaña en la cancha, nosotros en las tribunas, oficinas, escuelas o donde sea con la misma certidumbre.

A muchos le gustará analizar tácticamente, desglosar los aciertos deportivos, encontrar las razones del triunfo en la defensa, en Scola, Campazzo, Gobert, Fournier o el % de 3 puntos. Que el equipo juega maravillosamente bien vamos a coincidir todos. Y cada uno encontrará un análisis de alguna variable novedosa.

Coincidiremos que Argentina defiende como nadie en el mundo FIBA y tiene, por si fuera poco, sus jugadores claves en estado de gracia. Los roles están cubiertos y todo parece (y lo hace) funcionar a la perfección. Pero confieso que me siento atraído por todo lo otro. Me intriga algo más profundo que un cambio defensivo o un set para atacar mejor.

El deseo, como igualador de oportunidades deportivas, la determinación, la rebeldía, la disciplina, la certeza dentro de un grupo que se cree predestinado hacia un objetivo. Cuáles son las circunstancias que hacen que un equipo sea una versión inmejorable de sus posibilidades.

Cuáles las circunstancias que transforman muchas partes en un todo indestructible, compacto, avasallador. Cuántas de estas circunstancias pueden ser repetidas en el futuro, cuántas condiciones de competencia podrán recrearse en lo que viene?. Este futuro que, ahora, se ha transformado en presente nos dará otros tantos años de alegrías y emociones como los últimos 20? Nada ni nadie sabe qué puede suceder pero lo importante es estar preparado y predispuesto para que ocurra.

Puede durar un cuarto, un tiempo, un partido, un fin de semana, un Mundial o una GENERACIÓN. Sólo queda, entonces, agradecer este rato entre tanta desazón diaria. Por nuestra ilusión, por nuestra alegría, por sus enseñanzas.

GRACIAS POR TODO EQUIPO

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