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Opinión por Turco Vergara. La foto que recorrió el mundo de Luis entrenando sólo en un campo. Mensajes del alma.

 

Una de las primeras cosas que te enseñan en un diario es argumentar un texto, antes que ponerle un título. 

Una de las primeras situaciones que se presentan en el imaginario puber, es ver como ganas un partido rodeado de tus amigos.

Una de las tantas veces que relatas o estás por arrancar una transmisión, te corre un cosquilleo por el cuerpo en donde tomás conciencia de la importancia de la comunicación.

Textos, palabras, títulos, sentimientos. 

La foto de Luis Scola en el medio del campo merece un título mas grande que un volcán. Porque se trata de un tipo que tiene un fuego imbatible para seguir desafiándose así mismo.

La foto de Scola te hace recordar cuando sólo tenías un sólo aro, y lo feliz que era ver una red de verdad e imaginar la volcada de mi vida, en un patio de zócalos que lo soñas como un Héctor Etchar con León mirándote desde la platea.

La foto de Scola es el mejor relato y el mas extraño a la vez. Verlo jugar es ya, un relato aparte. Hay que prepararse en el contexto real. Pastos altos que se asemejan a tribuneros en alambrado. Viento fresco que parece acariciar cada movimiento del capitan, suelo rígido con olor a raíz pura a punto de dar a luz a la flor mas bella: el doble, el simple o el triple.

Verlo a Luis genera imaginación. Impone una tendencia de legado. Te obliga a mejorar nuestra visión. Nos saca de contexto y edifica en cada pique, el cimiento de un alma de varios pisos como su altura, que sigue con la luz prendida como aquel de posesión, siempre favorable con la flecha a su lado.

Verlo a Luis no asombra. Ratifica una convicción. Comprueba el valor de la palabra. Sienta precedentes históricos para generaciones y generaciones de como el básquet es también, un ámbito resiliente.

Su probable enfado interno por esa foto, no hará que sus más íntimos le hagan saber lo gigante que es y que la generación de un twet pudo haber motivado a cientos de miles de jugadores.

No faltará el cerebro chico que razone que se trata de una puesta en escena marketinera. No faltará esa sospecha bien argenta. Pero miren, supongamos que algo quizo mostrar, bienvenido sea.

El básquet sigue conformado a través de un mundo muy natural a comparación de otras disciplinas. No tiene esos vicios que lo conduzcan a la sospecha constante. Tiene la ventaja de no ser popular y no padece del exitismo a flor de piel.

No es dónde y cómo se entrena. Quiere llegar bien a un Mundial y lo viene haciendo al menos ocho años, y sin fotos ni grabaciones. Es un animal de costumbre para el básquet FIBA. No se cansa.

Legado? Si. Mensaje? Si. Ejemplo? Si. Imitarlo? No lo sé, copiarle o robarle un par de células de su adn. Sería un sueño poder clonarlo. Pero es un deseo mas que una utopía?, no. Es Luisa Alberto, el que no afloja. El que construye su imágen en la consecución de mensajes por el bien común. 

No voy a quitarme el mote de admirador. En absoluto. Soy admirador y me genera una lluvia en los ojos que se convierten en cataratas. Es que te emociona y te conmueve. Pero él hace lo que corresponde te dirá. No importa, lo hace. Es verídico. 

Una foto dijo mucho. Una foto que grita y eleva bien alto el sonido de una de las mas lindas estrofas del himno nacional: Sean Eternos los Scola que supimos conseguir.....coronados en su gloria, humildad a morir. 

 

 

 

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